Dile adios al picoteo

Destierra el hambre

Si picas entre comidas, hazlo de forma inteligente y elige las mejores opciones. Inclínate por alimentos que te proporcionen energía, y que contengan carbohidratos complejos (no refinados como el pan blanco o la pasta), proteínas y pequeñas cantidades de grasas saludables. Así mantendrás estable tu nivel de azúcar en sangre y te sentirás saciada. ¿La mejor opción? Un yogur bajo en grasas con granola o trigo integral.

Identifica las causas

Apunta en un cuaderno todos los picoteos en los que caes a lo largo de la semana. Recuerda anotar también tu estado de ánimo, así como las causas te han llevado a ‘pecar’. Cuando hayas identificado qué te lleva a atacar la despensa de dulces, podrás evitar, por ejemplo, comerte media tableta de chocolate para animarte. ¿Qué tal sustituirla por una buena película?

Espera a que pase

¿Acabas de vivir una situación estresante? Pues prepárate, porque es más que probable que tu cerebro te exija azúcar a gritos en los 20 minutos posteriores. Ese es el tiempo que tarda la serotonina (un neurotransmisor que inhibe la ira, el sueño o el apetito, entre otros) en rebotar las hormonas que provocan el estrés. Si puedes resistir la tentación durante ese rato, lo más probable es que tu ansia de dulce se disipe.

Bebe agua

El hipotálamo, la parte del cerebro que regula, entre otras cosas, tu estado de ánimo, es también el encargado de hacerte sentir sed o hambre. ¿El problema? Que a veces confunde la primera con la segunda. La próxima vez que sientas un ataque de hambre, antes de irte a la nevera, bébete un vaso de agua o té y espera a que se te pase el antojo.

Masca chicle

Si estás nerviosa y necesitas echarte algo a la boca urgentemente, prueba con un chicle sin azúcar. Una reciente investigación llevada a cabo en Australia ha demostrado que mascar chicle reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en un 16%.

Ríete

Diversos estudios han demostrado que la risa combate el estrés y ayuda a segregar endorfinas… además de quemar calorías. Al parecer, una hora de carcajadas puede acabar con tantas como media hora levantando pesas.

Alan comenzó a escribir sobre salud para documentar su propia experiencia. El cayó en algunos malos hábitos durante años y sabía que las cosas tenían que cambiar. Y por esa razón Alan decidió colaborar en la web.

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